Nobel Experience!

One of the most recurring questions that people ask us is: What are you doing here? At first our responses were always "We work with Volunteers and employees, supporting the activities of the Norwegian Red Cross and we hold workshops on many issues at the same time that we do a process analysis and write a report." But the truth is after 4 months here, we can say the Youth Delegates Exchange Programe is much more than work, it is something that changes your life, it is a collection of experiences that fill you in incredible ways that make you feel alive, and make you explore your limits and beyond that, you know yourself, because unlike what most people think we never finish.

Day to day we create memories and bonds of friendship that we hope will last a lifetime, we live things that are worth telling and sharing, and more importantly we grow as people, as professionals and as social beings. We have not found a single ex-delegate not only from Colombia but from the other countries that do not think the same, that his life is divided between before and after this process, and although each one has a thousand stories to tell and it is very entertaining listen to them, no experience is the same as the previous one and you can’t really feel it until you live it.

For us, the delivery of the Nobel Prize has been a moment we will carry forever in our hearts, sublime feeling that covers your body and makes you feel shivers, which without thinking causes tears to begin to fall, that incredible feeling to which People only get a couple of times in their lives is what we felt during the ceremony.

We must thank Lise immensely, who rather than being a simple LCP (Local Contact Person), became a friend at this time, she was in charge of managing for us that ticket to the history of Colombia, a moment that began when we opened the mailbox of our mail and found first letter that said that we had been accepted to attend, from there was an almost marathon race to find the right clothes (Jsebas used Lise boyfriend's suit, Sebas used dad's suit of Lise), the place and everything we needed. The stress we felt when we saw the day approaching and still did not receive the ticket, until finally on December 8 again the mailbox that we opened every day in the morning and at night was who gave us the good News "Row 24".

The day of the award began very calm with a breakfast with the students of an international school (UWC Red Cross Nordic), some of them would attend the prize with us, among them one equally excited Colombian boy and one Colombo-Venezuelan girl. When you get to the site you can feel again an emotion that can only compared to a small child opening the Christmas presents, and when you pass the three safety cords, you realize it is real, you are witnessing the story, you are being part of it and that you are living something that no one can take away from you.

Within a few minutes, we are surrounded by politicians, businessmen and celebrities, all of whom despite their differences join the cry of a voice for peace; The event begins and at the first speech we can’t contain tears, two singers later the president of Colombia in the middle of his speech reminds us of something as Red Cross volunteers we know but sometimes we forget "... When we learn to Value the difference, we can live in coexistence, we are only one race, THE HUMAN RACE and our differences only enrich us as a society ... "

And with these words history is written for our country. After the ceremony we went to the march of torches, a tradition in which hundreds of people of different nationalities and countries, walk the streets of Oslo raising a flame of hope for peace in the world, only this time the taste of the drums, songs and Colombian dances accompanied the march that ended in the Grand Hotel where for a few minutes the new Nobel Peace Prize winner went out with his family and greeted those present and in the hope of a better future while he said goodbye, the crowd shouted in a united voice: "Colombia, Colombia, COLOMBIA".

 

Nuestra Experiencia con el Nobel

 

Una de las preguntas más recurrentes que nos plantean las personas es: ¿Qué hacen ustedes allá? En un comienzo nuestras respuestas siempre eran “Trabajamos con voluntarios y empleados, apoyando las actividades de la Cruz Roja Noruega y realizamos talleres de muchos temas a la vez que hacemos un análisis de procesos y escribimos un reporte”. Pero la verdad es que después de cuatro meses aquí, podemos decir que el Programa de Delegados Juveniles es mucho más que trabajo, es algo que te cambia la vida, es un cúmulo de experiencias que te llenan de formas increíbles, que te hacen sentir vivo, y hacen que explores tus límites y más allá de eso, que te conozcas a tí mismo. Porque a diferencia de lo que la mayoría piensa nunca terminamos de hacerlo.

Día a Día, creamos recuerdos y lazos de los que esperamos duren toda la vida, vivimos cosas que son dignas de contar y compartir. Y lo más importante aún, crecemos como personas, como profesionales y como seres sociales. No hemos encontrado ni un solo exdelegado, no solo de Colombia, si no en otros países que no piense igual. Todos estan de acuerdo en que su vida se divide entre antes y después de este proceso, y aunque cada uno de ellos tiene mil historias que contar y es muy entretenido escucharlas, ninguna experiencia es igual a la anterior y no puede sentirse realmente hasta vivirlo.

Para nosotros, la entrega del Premio Nobel de Paz, ha sido un momento que llevaremos por siempre en nuestros corazones, ese sentimiento sublime que te recubre el cuerpo y te hace sentir escalofríos, que sin pensarlo hace que las lágrimas comiencen a caer, ese embriagador sentimiento al que las personas solo llegan un par de veces en su vida, es fue que nosotros sentimos durante la ceremonia.

Debemos agradecer inmensamente a Lise, quien más que ser una simple LCP (Persona Local de Contacto), se convirtió en una amiga y una aliada en este tiempo, ella fue la encargada de gestionar para nosotros ese boleto a la historia de Colombia. Un momento que comenzó al abrir el buzón de nuestro correo y encontrar esa primera carta que decía que nos habían aceptado para asistir, a partir de allí fue una carrera casi maratónica para encontrar la ropa adecuada, el sitio y todo lo que necesitábamos. El estrés que sentimos al ver como se acercaba el día y aún no recibíamos el boleto de entrada, hasta que por fin el 8 de diciembre, otra vez el buzón que abríamos todos los días en la mañana y en la noche fue quien nos dio las buenas noticias “Fila 24”.

El día de la premiación comenzó muy tranquilo en un desayuno con los estudiantes de un colegio internacional, algunos de ellos asistirían al premio con nosotros, entre ellos otros dos, un colombiano y una colombo-venezolana, igual de emocionados. Al llegar al sitio logras sentir nuevamente esa emoción que solo se puede comparar como la de un niño pequeño al abrir los regalos de Navidad. Y al pasar los tres cordones de seguridad, te das cuenta de que es real, que estás presenciando la historia, que estás siendo parte de ella y que estás viviendo algo que nadie te podrá quitar.

A los pocos minutos nos vemos rodeado de políticos, empresarios y celebridades, todos que a pesar de sus diferencias se unen al clamor de una voz por la paz; el evento comienza y al primer discurso no podemos contener las lagrimas, dos cantantes después el Presidente de Colombia en medio de su discurso nos recuerda una cosa que como voluntarios de la Cruz Roja lo sabemos pero algunas veces lo olvidamos “... Cuando aprendemos a valorar la diferencia, podemos vivir en convivencia, nosotros somos solo una raza, LA RAZA HUMANA y nuestras diferencias solo nos enriquecen como sociedad...”

Y con esas palabras se escribe historia para nuestro país. Después de la ceremonia nos dirigimos a la marcha de antorchas, una tradición en la que cientos de personas de diferentes nacionalidades y países, caminan por las calles de Noruega alzando una llama de esperanza por la Paz en el mundo, solo que esta vez el sabor de los tambores, cantos y danzas colombianas acompañaban la marcha que finalizó en el Grand Hotel donde por unos minutos el nuevo premio Nobel salió con su familia y saludo a los presentes y con la esperanza de un mejor futuro mientras él se despedía solo se escuchaba a una voz “Colombia, Colombia, COLOMBIA”.